La Inteligencia Emocional como arma de las personas manipuladoras

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La Inteligencia Emocional: Arma de las personas manipuladoras

La Inteligencia Emocional (IE) siempre se ha considerado una virtud positiva.

El best-seller ‘Inteligencia Emocional’ Daniel Goleman, con más de 5 millones ejemplares vendidos, divulga las bondades de la aptitud de controlar las emociones.

Ya en los años ’90 los piscólogos Peter Salovey y John Mayer habían acuñado el concepto después de que, una década antes, el también psicólogo Howard Gardner apuntara que la inteligencia de una persona va más allá de los aspectos cognitivos y señalara la parte emocional a dos niveles: la inteligencia interpersonal (capacidad para comprender las intenciones, motivaciones y deseos de los demás) y la inteligencia intrapersonal (para interpretarlas en uno mismo).

La IE, por ese motivo, se mantiene como una facultad imprescindible en figuras como políticos, directivos o educadores, y el ‘coaching’ la considera un elemento básico en su causa. Ante la visión edulcorada de las excelencias del dominio de las emociones, quién no apostaría por su promoción entre los empleados de una empresa.

Antes de educar en inteligencia emocional…

El manejo de las emociones, sin embargo, no siempre es positivo. La habilidad para considerar, discernir y guiar las emociones ajenas puede utilizarse, como cualquier cualidad, “para el bien y para el mal”, asegura Adam Grant.

Grant es profesor de la escuela de negocios Wharton, y asegura que antes de educar en inteligencia emocional “hay que considerar qué valores se asocian a ella y dónde es realmente útil.”

Y es que, con el foco fijado únicamente en las prebendas desde el nacimiento del concepto, no se ha reparado el posible uso irresponsable: “Cuando las personas perfeccionan su habilidades emocionales, son mejores manipulando los demás,” asegura.

Igual que en los ’80 el psicólogo Howard Garner apuntó que la inteligencia va más allá de los aspectos cognitvos y advirtió de las capacidades emocionales de los seres humanos, los preductos de su intelecto se posan del mismo modo en la balanza entre el raciocinio y la emotividad.

El contenido literal de un discurso, el componente intelectual, se ve arrastrado por la mayor o menor carga sensitiva dedicada a su puesta en escena.

Efecto asombro

Jochen Menges, profesor de comportamiento organizacional de la Universidad de Cambridge, acuña el término del ‘efecto asombro’ para hablar del fenómeno por el cuál la forma de un discurso puede llegar a eclipsar el fondo: cuando un líder ofrece un alegato inspirado y con gran carga emotiva, las posibilidades de que la audiencia no se pare a analizar los argumentos son mayores, e incluso de que olvide buena parte del contenido.

Los líderes capaces de manejar las emociones de los demás, por lo tanto, son avezados a menguar la capacidad de raciocinio de sus interlocutores forma inconsciente para los receptores del mensaje.

En términos banales, como la hipnosis: igual que el sueño es capaz de adormecer la parte racional y dirigirse directamente al subconsciente, un buen manejo de la inteligencia emocional permite al líder omitir el raciocinio del obsevador que procesa los argumentos y dirigirse directamente a su faceta sentimental.

Liderazgo

Cuando hablamos de líderes, no sólo nos referimos a una relación de poder descendiente.

Con liderazgo nos referimos a la capacidad persuasiva para llevar la iniciativa en el discurso, y también funciona entre iguales: los trabajadores con intenciones maquiavélicas que además poseen un gran dominio de la inteligencia emocional son capaces de trepar en la escala laboral a costa de pisar las aspiraciones de sus compañeros.

Stéphane Coté, psicóloga de la Universidad de Toronto, dirigió un estudio en que un grupo de empleados tuvo que rellenar dos encuestas.

  1. La primera, para conocer las tendencias maquiavélicas de cada uno.
  2. La segunda, para medir la efectividad individual para manipular las emociones.

La conclusión fue que las personas con una mayor Inteligencia Emocional eran las que incurrían en comportamientos nocivos con intenciones maquiavélicas.

La Inteligencia Emocional no siempre es necesaria

La Inteligencia Emocional puede ser un requisito indispensable para algunas profesiones, pero en otras se convierte en un obstáculo que merma la efectividad laboral.

Un trabajo de los psicólogos Dana Joseph, de la Universidad de Florida, y Daniel Newman, de la Universidad de Illinois, la IE es una habilidad que conlleva mayor productividad en profesiones de contacto directo con el cliente, como los telefonistas, agentes inmobiliarios, comerciales o cualquier otro tipo de vendedor.

Saber interpretar las emociones, en cambio, puede aminorar los éxitos profesionales en ámbitos como la mecánica, la contabilidad o la ciencia.

Por otro lado, el profesor de la escuela Wharton Adam Grant concluyó en una investigación que la Inteligencia Emocional no está relacionada con la volutad de ayudar a compañeros y clientes de forma altruista.

Estas son virtudes producto de la motivación y los valores de cada individuo.

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